Macroeconomía

Inflación en Uruguay 2024: por qué el IPC sube aunque el tipo de cambio baja

Con el dólar estabilizado en torno a los $39, la inflación anual cerró el primer semestre en 5,8 %. El análisis desglosa los componentes que presionan al alza.

Gráfico del IPC en un monitor con datos del BCU

El IPC y sus componentes: dónde están las presiones reales

El Índice de Precios al Consumo publicado por el INE registró una variación acumulada del 5,8 % en el primer semestre de 2024, por encima del rango meta del BCU de entre 3 % y 6 % anual, aunque dentro del límite superior. La percepción generalizada de que «si baja el dólar, baja la inflación» no se sostiene empíricamente cuando se desagregan los componentes del IPC. Los bienes transables —aquellos cuyo precio está directamente vinculado al tipo de cambio, como electrodomésticos, vestimenta e insumos importados— mostraron en efecto una moderación, con una variación del 2,1 % en el semestre. Sin embargo, los servicios no transables, que representan el 54 % de la canasta del IPC, acumularon una variación del 8,3 %. Este grupo incluye alquileres, tarifas de salud mutual, educación privada y transporte urbano, todos ellos indexados por contratos o marcos regulatorios al índice de salarios o al propio IPC rezagado, generando un efecto de inercia inflacionaria que el tipo de cambio no puede neutralizar de forma directa. Los alimentos y bebidas no alcohólicas, con un peso del 26 % en la canasta, mostraron una variación intermedia del 5,1 %, influenciada por la recuperación de los precios internacionales de proteínas animales y los costos energéticos del sector agropecuario. El componente de alquileres registró la variación más alta del período: 11,4 %, resultado directo de la actualización semestral por índice de alquileres que establece la Ley 18.832.

Qué puede —y qué no puede— hacer el BCU frente a esta inflación

El Banco Central del Uruguay mantiene desde agosto de 2022 un esquema de metas de inflación con un corredor de tasa de interés de política monetaria. La tasa de referencia se ubica actualmente en el 8,5 % anual, nivel que el BCU considera suficiente para anclar las expectativas sin frenar el crédito de forma excesiva. El problema estructural es que la política monetaria actúa principalmente sobre la demanda agregada y sobre el tipo de cambio, pero tiene escasa capacidad de incidir en la inflación de servicios no transables cuando esta es impulsada por mecanismos de indexación contractual. Dicho de forma directa: subir la tasa no hace que los alquileres suban menos si la Ley 18.832 obliga a actualizarlos por el índice de alquileres del INE cada seis meses. El BCU ha señalado en sus informes de política monetaria de mayo de 2024 que el riesgo inflacionario para el segundo semestre proviene principalmente del componente de servicios y de una eventual recuperación de los salarios reales que presione los costos del sector terciario. Este análisis se basa exclusivamente en datos públicos del BCU y el INE; no constituye una evaluación de instrumentos de ahorro ni una recomendación de ningún tipo sobre activos financieros.